El 5 de diciembre, un conjunto de láseres de la Instalación Nacional de Ignición (perteneciente al Laboratorio Nacional Lawrence Livermore de California), disparó 2.05 megajulios de energía a un minúsculo cilindro que contenía una pastilla de deuterio y tritio congelados, formas más pesadas del hidrógeno.
La pastilla se comprimió y generó temperaturas y presiones lo suficientemente intensas como para provocar la fusión del hidrógeno que contenía. En una diminuta llamarada que duró menos de una milmillonésima de segundo, los núcleos atómicos en fusión liberaron 3.15 megajulios de energía, aproximadamente un 50% más de la que se había utilizado para calentar la pastilla.
Aunque la reacción terminó en un instante, su significado perdurará. Los investigadores de la fusión llevan mucho tiempo tratando de conseguir una ganancia neta de energía, lo que se denominaumbral de rentabilidad científica. El logro no significa que la fusión sea ahora una fuente de energía viable.